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Calama

Cuando todo cambió: A un año del primer contagio en la región

Precisamente fue una pareja de calameños quienes hicieron debutar la «era covid» en la Región de Antofagasta. Fue un 14 de marzo de 2020 (11 días después de confirmarse el primer caso de coronavirus en el país) que las autoridades sanitarias en la zona daban la noticia.

Los afectados eran una pareja de adultos mayores quienes retornaban a la ciudad después de visitar Italia y España, dos de los primeros países europeos donde se ramificó con intensidad el virus. A un año de este hecho, la actual Seremi de Salud, Rossana Díaz, quien ya fungía como autoridad sanitaria para ese entonces, aseguró que esta pareja se encuentra bien al día de hoy y hace un recuento del aciago aniversario.

«Ha sido un año extremadamente difícil, un año que no vamos a poder olvidar en nuestras vidas. Pero creo que ha sido un año en donde hemos aprendido mucho, porque cuando llegó esto, no manejábamos todos los temas, pero ahora hasta los no expertos se manejan un poco en epidemiología, o lo que es un caso estrecho. Creo que todos hemos aprendido y nos ha permitido enfrentar de mejor forma la pandemia», sostuvo.

Sobre la llegada del virus, Francisco Muñoz, referente Covid del HCC, recuerda que no se tenía la expertiz que hoy se maneja en cuanto al Covid 19, puesto que se podía detectar mediante la imagen de un escáner, pero que eso podría traer muchos errores.

Sin embargo, avanzado el tiempo consideró que Calama se instaló bien ante esta pandemia, “nuestro sistema de salud se puso en ese minuto a prueba y me parece que lo hicimos bastante bien, de hecho el HCC fue el primero en hacer detección de un paciente positivo en toda la macrozona, y eso de alguna u otra forma reflejaba que estábamos trabajando en preparar al hospital y al sistema para poder enfrentarnos a esto que después se nos iba a venir encima, que sería muy complicado”, confesó.

Momento más tenso

A partir de lo mencionado en el final del párrafo anterior, la situación de Calama se agudizó -en palabras del médico- por diferentes factores. Uno de ellos, fue la falta de laboratorios en el HCC y en Calama en general, donde se debían enviar los exámenes hasta Antofagasta, teniendo un retraso considerable en sus respuestas, ya que la capital regional contaba con muestras propias, además de las de Calama. Desde ahí se envió hasta Santiago y entre la tercera y cuarta región.

“Eso hacía muy lento el proceso y no se podía hacer la trazabilidad para tomar a los pacientes y aislarlos. Entonces veíamos que la curva iba en ascenso muy peligrosamente y como hospital decidimos hacer una campaña para realizar una cuarentena voluntaria”, agregó el encargado broncopulmonar.

Ya en el momento ”peak” de la enfermedad, en el mes de junio, donde los casos ni las muertes daban tregua, donde incluso dentro de las ambulancias se atendía pacientes por falta de oxigeno, Muñoz confesó haber sentido la vocación de tener que ayudar, “yo me enfermé de Covid, estuve hospitalizado, y tras volver me enfrenté a una situación que era terrible porque el hospital estaba ardiendo por las cuatro esquinas, estaba lleno de pacientes Covid, habían muchos muertos por todos lados y el personal estaba muy falto de dirección, muy asustado. Algunos estaban arrancando y otros tiraron licencia porque ya no podían ver más sufrimiento y daban todo por perdido”.

Agregó también que “a mi siempre se me viene esa escena del patriota donde comienzan a arrancar. Donde Mel Gibson toma la bandera y arenga al resto a no rendirse, y eso en el fondo es lo que hicimos. De hecho esa imagen de esa película, aunque uno lo vea algo ficticio motivó a que hiciéramos nuestra propia bandera”.

Una bandera que contó con la ayuda de Codelco Norte, y en donde Francisco fue enfático en destacar esta acción, ya que según él en otros hospitales no se vio. “Siento que fue algo que solo se dio acá porque no recuerdo si hubo hospitales donde empresas aportaran como lo hicieron con nosotros. Yo les dije que quería una bandera gigante que se viera en el frontis del hospital con la finalidad de arengar a la gente que en ese minuto estaba sufriendo y al personal que en ese tiempo estaba de rodillas”, expresó.

Por otro lado, las funerarias también vivieron momentos complejos, considerando la cantidad de muertes que habían en Calama. Así lo confirmó Sara General, dueña de Funeraria Pérez, quien consideró que en el comienzo de la pandemia hubo mucha desinformación por parte de las autoridades, “había que andar preguntando como se iba a hacer todo. Desde la Seremi, tampoco se manejaba información y tuvo que venir una persona de Antofagasta y realizar una reunión con las funerarias, donde informaron como se tenia que llevar a cabo el hecho de sacar una persona que falleciera por Covid”, explicó.

“Dijeron que teníamos 90 minutos para sacar a la persona desde el hospital y llevarla inmediatamente al cementerio. Nos equipábamos totalmente. Ellos nos entregaban a los difuntos tal cual estaban en la cama, con su pijama, después los colocaban en una bolsa y los dejaban ahí con sus nombres. Una vez que llegaba la funeraria, se ponía en el féretro y se le ponía un plástico. En el cementerio lo recibían y al comienzo dejaban entrar solo a una persona, pero con toda su indumentaria para no contagiarse. Eso pasó entre mayo-julio”, agregó la administradora.

Comentaron que afortunadamente no se encontraron con familias con complicaciones económicas, puesto que muchos de los difuntos contaban con algún tipo de ahorro provisional de las AFP, el que les pagaba una parte del total. Sin embargo, la situación más compleja para ellos fueron los espacios en el cementerio, debido a que -según cuentan- hace 10 años que el Cementerio Municipal no cuenta con espacio, y que esta pandemia llena de muertes en Calama, vino a sobrepoblar el camposanto.

“En el primer mes de crisis pandémica colapsó aun más el cementerio y no tenían donde sepultar personas. No todos tenían los recursos para ir a un parque, porque son muy diferentes los cánones de costo de un cementerio municipal a un parque del recuerdo, entonces se debían mantener a los fallecidos en el hospital a la espera de la solución del problema para enterrarlo porque a mi me exigen que lo saque y lo sepulte. El alcalde lo único que hizo fue agregar un par de nichos, cuando él prometió hacer un cementerio nuevo. Si no tenían dinero ni espacio para sepultar a sus seres amados, no podían sacarlos. Hubo personas que estuvieron de 10 a 15 días en la cámara de frío”, añadió General.

Testimonios

Calama fue duramente golpeada por la primera ola de Covid 19, muestra de aquello son las 312 víctimas que se registran a la fecha. Hay muchos casos de familias que perdieron seres amados o que pudieron sobrevivir a la enfermedad y hoy llevan un ritmo de vida distinto.

Jocelyn Provoste, trabajadora de DMH, teniendo 30 semanas de embarazo fue contagiada por el virus junto a su madre. Relata que siempre se cuidaron mucho, que no salían constantemente y que “desinfectaban incluso los billetes”, sin embargo un lunes 16 de noviembre su madre comenzó a sentirse mal.

“Partió sintiéndose decaída. El martes estaba con bronquios, pero seguíamos creyendo que era solo un resfrió. Ya el día jueves me doy cuenta y le digo que no está normal y partimos a urgencias del Hospital del Cobre. Ahí mismo dije que me quería ver porque andaba con acidez. Ambas nos hicimos el pcr y el viernes 20 de noviembre nos dieron los resultados que habían salido positivo. A partir de eso, obviamente nos aislamos”, explicó.

Agregó también que cuando fue no se sentía enferma, salvo tener tos seca, pero que le urgía la situación de su bebé, “los doctores me dijeron que me harían exámenes para irme tranquila a la casa. Pero cuando me dieron los resultados, estos arrojaron que se estaba formando una neumonía y me hicieron exámenes de sangre que mostraron que estaban alterados unos parámetros que corren el riesgo de generar una trombo que cuando estás embarazada puede suceder. Justo en el momento hice una embolia pulmonar, aparte de la neumonía que ya tenía”.

Cuenta que el 22 de noviembre fue el día que la hospitalizaron, mientras que a su madre el 23. A partir de su embarazo, los doctores del Hospital del Cobre decidieron enviarla hacia Santiago, ya que tratar a una mujer embarazada con covid, era algo imposible para el personal de Calama.

“Cuando supe que me iban a entubar a mí el mundo se me vino abajo, yo pensé que nos íbamos a morir las dos. Teniendo un embarazo y dos hijos más, de verdad que para mi fue una pesadilla. En la entubación no sentí nada y recuerdo algunas cosas, mi mamá no recuerda nada. Ella cuando despertó ya no estaba entubada, en cambio cuando yo desperté en Santiago me desperté con el tubo”, contó.

Comenta también que no recuerda el momento de su viaje, ”una vez llegada allá, el doctor David Delgado me dijo que llegué en pésimas condiciones, ya que la anestesia que me colocaron era muy peligrosa. Dijo que fue un milagro que no me haya muerto en el avión. Lo que hizo fue sedarme completa y al día siguiente hacerme una cesárea. Incluso mi hijo estuvo con reanimación por 17 segundos porque todo lo que me hicieron a mí repercutió en el bebé”.

Tras eso, su hijo estuvo durante 1 mes y 4 días hospitalizado, sin covid. Mientras que Jocelyn tras estar en coma inducido desde el 2 hasta el 14 de diciembre, pudo comenzar su rehabilitación pasando desde la UTI hacia la UCI, luego a terapias y finalmente yéndose a Talcahuano a la casa de sus suegros con su bebé para poder rehabilitarse completamente, “caminar desde la cama al baño era como correr un estadio”, comentó.

Finalmente agradeció la suerte de haber vivido esta experiencia en un momento donde la curva venía decreciendo, ”nosotros tuvimos suerte, ya que el escenario que nos tocó a nosotros fue en noviembre, si nos hubiera tocado en la primera ola, o ahora que yo sé qué hay una ola grande, era distinto. Te doy garantizado que no hubiéramos tenido posibilidades de sobrevivir”.

La familia Codorniu-Pérez no corrió con la misma suerte de Jocelyn y tuvo que lamentar el deceso de Ismael Codorniu, quien fuera abuelo y padre de su parentela.

Nora Pérez, esposa de Ismael, comentó que su esposo días anteriores a ser hospitalizado no dio indicios como para terminar en el desenlace fatal, “dos días antes de su hospitalización pasó el día con temperatura alta y yo se la bajaba con monte hirampo y aspirina, pero él no se veía tan decaído como si fuera algo tan grave, todo lo contrario. Pasaban las horas y le volvía a subir. Al día siguiente fue igual. Elizabeth (la hija) decidió que lo llevaran al médico”.

Fue ahí cuando llegó la ambulancia a buscarlo y -en palabras de su hija- él tenía mucho miedo porque era muy reacio a estar en el hospital, “yo le dije papito, quédese tranquilo, él me entregó sus llaves y una plata que llevaba. Quería entregarme sus anillos, pero no alcanzó, aparte que con todo esto no podía tocarlo”, explicó Elizabeth Codorniu, hija de Ismael.

Elizabeth además se refirió a la situación que a pesar de tener atención en el Hospital del Cobre, fue tratado en el HCC, “llegó a urgencias y ahí le hicieron todos los exámenes correspondientes en el Hospital del Cobre. Posterior a eso decidieron trasladarlo puesto que el tema estaba a cargo del MINSAL y del HCC y ellos decidían si darle una cama. Dijeron que en el HCC las habían y por eso lo mandaron para allá”.

“Ahí fue ingresado con todos los síntomas agudizados, donde lo dejaron en urgencias durante dos días en espera de camas porque estaba todo copado y no podía pasar a la sala. Resultó que allí ya su saturación era baja, su temperatura se había normalizado y lo trasladaron a la sala definitiva que a todo esto, era vago porque no había mayor comunicación para saber sobre su estado”, añadió Nora.

Renata Rojas, nieta de Ismael, narró que pudieron saber sobre su situación gracias a un paciente que estaba al lado de él, y que tras eso pudieron enviarle una tablet para comunicarse más, sin embargo una sola vez pudieron hablar todos los familiares con él.

Tras eso, la misma nieta detalló el momento del deceso, “hubo un día en el que no supimos nada hasta las siete de la tarde y la doctora nos llamó para informarnos que se había complicado, que ya estaban evaluando pasarlo a UTI. Luego no supimos nada de él hasta el 4 de junio que llamaron a mi madre que al tata le había dado un paro cardiorrespiratorio”.

Con la información recibida, Nora relató lo que debió hacer, “yo fui a reconocer el cuerpo, me hicieron todo el protocolo de rigor, una enfermera me llevó hasta el piso que estaba él y me hizo entrar. Yo no lo podía tocar, solamente mirar. Lo que más me tranquiliza es que yo vi en su cara una paz y una tranquilidad tan grande que eso me ha ayudado mucho”.

“Eso me deja tranquila porque no tenía cara de sufrimiento ni pena, y eso me ha ayudado mucho a sentir que donde está, está bien. La peste se lo llevó, pero estoy encalmada por haber estado con él durante 48 años, por haber tenido 3 hijos, siete nietos y un bisnieto”, finalizó.

Lo que viene

La Seremi de Salud es cauta y asegura que la vacuna no es el término del contagio. «No es que vacunemos y todo esto haya acabado. Los casos una vez todos vacunados seguirán apareciendo en cierta frecuencia y por lo tanto hay que pensar que esto es una nueva forma de vida que tendremos que aprender. Creo que ha sido un año que nos ha enseñado mucho desde el punto de vista respecto al compromiso», destacó.

Por su parte Francisco Muñoz, es certero al decir que el año 2021 tiene hartas posibilidades de ser peor que el 2020, y que según un informe llegado al Colegio Médico, todas las instituciones que estudian la situación proyectan que se vienen números muy terribles para Chile.

“Si bien la vacuna ha sido en un comienzo para los adultos mayores y crónicos, tenemos mucha población adulto joven con covid que ha muerto incluso, con neumonías del terror y esa población todavía no está vacunada, y es la que más se expone por las fiestas clandestinas, e incluso carnavales que han habido en el interior”, concluyó.

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