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Calama

Pasó en Chile: A 141 años del primer desembarco militar moderno del mundo

Breve contexto. 1879, Chile se enzarza en guerra contra Perú y Bolivia. Desde abril hasta octubre de ese año se trabó una intensa campaña marítima cuyo episodio más conocido fue el combate naval de Iquique. Chile buscaba afanosamente detener al Huáscar, temible monitor peruano que echaba a pique a los navíos que transportaban tropas chilenas desde Valparaíso a Antofagasta. Capturado el buque adversario el 8 de octubre en Mejillones, se inició los preparativos de la guerra terrestre.

Es aquí donde se cumple esta efeméride poco conocida en la historiografía local. Capturado el Huáscar, Chile bajo el mando militar del general Erasmo Escala y el ministro de guerra Rafael Sotomayor, coordinan la toma y ocupación de un puerto  en Tarapacá (entonces territorio peruano) para establecer un punto de invasión –cabeza de playa- para avanzar al interior del territorio.

Se eligió Pisagua, entonces importante puerto mercantil peruano -intermedio entre Iquique y Arica- para iniciar un desembarco anfibio. La fecha elegida, 2 de noviembre. A dicho puerto zarpó la escuadra chilena, la cual se posicionó frente a éste con sus bocas de cañones prestos al bombardeo.

Combate

Pisagua se emplazaba al borde de una inmensa quebrada surcada por líneas del ferrocarril. En las cumbres de dichas quebradas, a ambos extremos se hallaban dos fuertes artillados. Diseminados a lo largo de la línea ferroviaria, se encontraban parapetados piquetes militares peruano bolivianos municionados para resistir el desembarco. Al mando de los aliados, el comandante peruano Juan Buendía. Si bien los primeros desembarcos militares con munición de fuego fueron en la guerra de Crimea (26 años antes), en Pisagua se utilizaron granadas, torpedos y asenso cerro arriba, similar a lo ocurrido en el desembarco aliado de Normadía, en plena Segunda Guerra Mundial más de 60 años después.

Citando el libro La Guerra del Pacífico de Rafael Mellafe y Mauricio Pelayo “Fue la primera vez que se utilizó artillería de buque para ablandar las posiciones del enemigo para luego subir los tiros y proteger a las tropas desembarcadas”.

El cañoneo inició a las 7.15 AM entre los buques Cochrane, O’Higgins y Magallanes contra los fuertes norte y sur de Pisagua. “La población civil, al ver el tamaño de la fuerza chilena huyó despavorida cerro arriba llevando con ellos gran cantidad de enseres”, destaca el libro.

Desembarco

Anulados los fuertes después de tres horas de cañoneos, inicia el desembarco a eso de las 10:00 AM. Los primeros en llegar fue un piquete de 450 hombres compuestos por compañías del regimiento Atacama y Zapadores. Casi todos fueron aniquilados por el fuego de fusilería de los aliados.

Unos 45 minutos más tarde, zarpa la segunda ola de desembarco, también de los mismos regimientos. “En medio de la lluvia de balas, los chilenos llegaron a playa Guata, saltaron de los botes y con el agua a la cintura se precipitaron contra las quebradas. Después de abatir a los defensores, iniciaron la penetración al interior”, detalla el libro.

Gritos, impotencia, cuerpos desmembrados por las granadas y sudor por subir una cuesta empinada en objetivo de tomarse el puerto. A las tres de la tarde recién el teniente del Atacama, Rafael Torreblanca izaba una bandera chilena en un poste de telégrafo empinado en la cima de Pisagua. La plaza estaba tomada.

El puerto humeaba. El bombardeo incendió los depósitos de salitre del muelle. Los cuerpos flotaban en el mar y en se encontraban despedazados en las quebradas. Juan Buendía emprendió la retirada al interior (para después trabarse en una nueva batalla en Dolores 17 días después) y Chile establecía su cabeza de playa.

Balance

Poco se conoce de este desembarco. Según los partes militares de la época, se enfrentó un ejército aliado de 1.400 aliados contra 4 mil chilenos. De ellos, se catastró 150 y 58 muertos respectivamente, esto sin considerar las bajas (heridos).

Pisagua aún subsiste. Es un viejo puerto que posee poco menos de 200 habitantes. No es de extrañar que, si alguna vez visita este olvidado poblado nortino, se encuentre que a sus costados ostente viejos cañones oxidados que aún apuntan al mar.

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