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Alto Loa

Pucará de Turi: El último vestigio del imperio Incaico que sobrevive en Calama

Contexto breve. Se estima que fue aproximadamente en la década del 1470 (22 años antes de la llegada de Colón a América) que el imperio Inca sometió todo lo que hoy es el Alto Loa y parte de San Pedro de Atacama, imponiendo un régimen a los Likan Antai de obediencia al supremo Túpac Yupanqui (en ese entonces, el que las llevaba en el imperio).

Muy al contrario de lo que se cree, las conquistas incas pocas veces decantaban en combates. En primera instancia, ofrecían libertad de cultos a los pueblos sometidos, además de extenderle beneficios en obras hidráulicas, caminos y protección ante otros invasores. ¿A cambio? El pago de un tributo cada cierto tiempo y obediencia al supremo Túpac, o quien fuese que estuviera de turno.

El trato fue aceptado y los incas comenzaron a levantar las obras en el nuevo territorio. Como las travesías desde el corazón del Cuzco hasta el Desierto de Atacama eran muy extensas, se comenzaron a levantar pucarás, una especie de fortificación de piedras que daba cobijo a los chasquis  (mensajeros del imperio), reaprovisionaba las caravanas por donde se trasladaba el supremo Yupanqui y además servía de sitio sagrado para ceremonias.

Estos pucarás los levantaron en todo lo que antes era de dominio Inca, pero el más imponente que hasta hoy se conserva, es el Pucará de Turi, ubicado a 75 kms al Este de Calama y que a diferencia de los que aún subyacen, aún conserva sus paredes erguidas, ostentando marcos de puerta y ventanas.

Esta colosal obra de mampostería pétrea ha resistido cinco siglos, lluvias, terremotos, ataques de tribus enemigas, ataques de armamento de fuego (se cree que para el combate de Tambillo, acaecido durante la Guerra del Pacífico en diciembre de 1879, fue ocupada como parapeto por tropas chilenas) y hoy en día, pese a ser declarada patrimonio en 1982, sufre la indiferencia de su pasado, y poco a poco se desgasta por los embates propios del desierto.

El Consejo de Monumentos Nacionales consigna al respecto que “Turi fue una aldea nucleada con características de ciudadela. En ella se distinguen diversos espacios de especialización: sectores habitacionales, ceremoniales, y funerarios, en conjunto con calles, caminos y marcadores de tránsito nos permiten concluir la dimensión morfológica del asentamiento”.

Mucho más antigua que las iglesias de Chiu Chiu o San Pedro de Atacama, pero no tan conservadas como estas, solo una cosa puede ser cierta de Turi. Su ubicación no es en vano, puesto que todas las construcciones incaicas se hacían en zonas estratégicas basadas en el comportamiento del cosmos. Tal vez de noche el Pucará ostente su verdadero poder.   

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