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Cultura

A 179 años de su muerte: Los últimos años de O’Higgins como productor de ron en Perú

El pasado 24 de octubre se conmemoraron los 179 años de la muerte de Bernardo O’Higgins Riquelme, uno de los próceres de la independencia de Chile que fungió como el primer director supremo de la nación (algo así como Presidente en los tiempos arcaicos de la república) entre 1819 y 1823.

Conocidos son los episodios de heroísmo y polémica de este personaje histórico. Desde su denuedo y actitud casi suicida en los campos de batalla durante la primera etapa de la independencia (el hombre no le tenía miedo a las balas, motivo por el cual le llegaron sus buenos disparos en combates como las del Roble y Cancha Rallada) como su polémica administración, el cual le llevó abdicar (renunciar) en enero de 1823 para prevenir una inminente guerra civil.

Pero apartándonos un poco de la imagen enseñada en las aulas, ¿Qué pasó con el O’Higgins exiliado? Al hombre lo despacharon del país en 1823 y murió en 1842, por ende estuvo casi 20 años haciendo algo distinto a trenzarse a sablazo limpio en los campos de batalla, que es por lo cual generalmente se le conoce.

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Pisco y Ron

Como O’Higgins fue uno de los gestores de la independencia del Perú, este gobierno le recibió cuando fue exiliado, entregándole dos haciendas para su asentamiento. Las de Montalván y Cuiba, ambas en el departamento de Cañete en Lima.

El prócer arrendó la última y comenzó a trabajar la primera en la producción de caña de azúcar para la elaboración de pisco y ron. De esto nos da atisbo el libro biográfico Bernardo, del investigador Alfredo Sepúlveda.

«Otro chileno, José Joaquín Barros, dueño de una hacienda vecina, introdujo a Bernardo en los secretos del cultivo de la caña de azúcar. Tal como en las campañas de guerra, trabajó codo a codo con su servidumbre. Desbrozó su campo, cultivó e instaló una pesada pieza de ingenio para el azúcar (el molino para la caña) y se volvió a fracturar el brazo justo donde le había dejado un recuerdo la batalla de Cancha Rayada, pero el hombre no se quejaba».

Le fue tan bien al emprendimiento del prócer, que incluso abastecía a licorerías de Lima. No obstante pese a esta empresa, nunca se vio al exDirector Supremo en estado de ebriedad. Ni siquiera era asiduo a la bebida «solo tomaba coñac en cacho después de los combates» consigna el libro.

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