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ESPECIAL ANIVERSARIO 142 DE CALAMA

Café, tabaco y pólvora: Los pertrechos con los que bolivianos enfrentaron a chilenos en Topáter

Calama en Línea ofrece en exclusiva un detalle del estado de la tropa boliviana defensora  de Calama, la cual estaba constituida escasamente por personal militar (aproximadamente 20 hombres), y por el contrario contaba con una gran, pero precaria guaria civil (130 hombres).

Por lo mismo, quienes defendían Calama adolecían del material bélico para hacer frente a parte del ejército chileno que hasta hace poco había desembarcado en Antofagasta presto a ocupar las provincias entonces bolivianas. Por lo anterior, dos terratenientes de la zona, Ladislao Cabrera y Eduardo Abaroa (ambos, héroes nacionales de Bolivia) tomaron las riendas del suceso y se dieron la misión de resistir el ataque.

El 23 de marzo se conmemora el combate de Topáter, o el día de Calama, cuando fuerzas chilenas ocuparon la comuna no sin antes una férrea defensa en la cual murió Eduardo Abaroa, quien pese a estar herido de muerte y ser intimado a rendición, siguió disparando hasta ser destrozado por una ráfaga de tiros de la caballería chilena. Pero días previos a ese desenlace, otro de los encargados de la resistencia escribió a Abaroa para solicitarle pertrechos (alimentos y armas) para los combatientes.

Carta

El autor de la misiva fue don Ladislao Cabrera. Abogado, periodista y profesor quien para marzo de 1879 fue quien más advirtió al gobierno de Bolivia el avance de Chile a través del litoral. Cabrera, quien había armado un pequeño grupo de civiles para resistir la ya inminente ofensiva, escribió a Abaroa solicitándole alimentos y enseres para la defensa.

¿Por qué Abaroa? Porque este héroe boliviano no era militar, sino empresario, por ende Cabrera pensó que éste le abastecería con los pertrechos necesarios para la batalla. Abaroa respondió el encargo y envió los materiales enumerados en la siguiente misiva:

Transcripción
Calama, 18 marzo 1879.
Señor Don Ladislao Cabrera.
Apreciado Amigo.
Es en mi poder de su grata 15 del actual (fecha de la carta remitida por Cabrera) en la cual me solicita junto con otros vecinos de Calama una contribución para la alimentación de los rifleros que defenderán el pueblo cuando ataquen los de Caracoles (donde se estacionaba parte del ejército de Chile).
Mi hermano Ignacio y mi familia queremos contribuirle con los siguientes alimentos para las tropas y las bestias caballares y mulares.
1 arroba de azúcar, 1 arroba de arroz, 20 libras de fideos, 30 libras de charque, 1 quintal de papas, 10 libras de sal, 2 barriles de pan desharinado, 1 quintal de cebolla, 5 kilos de café negro, 10 amarros de tabaco, 23 amarros de papel de hilo, 10 cargas de abril de agua para tomar, 20 arrobas de pasto y cebada para los caballos. 2 turriles (barriles, en Bolivia) de pólvora, 1 (ilegible) con un revólver.

Era un tambo, o lugar de paso para quienes transitaban el Camino de Inca. En 1832 se creó un servicio semanal entre Potosí y Cobija y, hacia 1840, luego de que el prefecto boliviano se trasladara de Chiu Chiu a Calama, se convirtió en el centro administrativo más importante del área.

Rifleros de la resistencia boliviana.

Desenlace

Esta carta de puño y letra de Abaroa yace hoy enmarcada en el museo privado del Ferrocarril Antofagasta (FCAB). El desenlace de la resistencia ya es historia. Chile aplastó la defensa boliviana, ultimando a Abaroa quien se transformó en el héroe nacional de ese país de la Guerra del Pacífico.

Abaroa tendría su venganza póstuma ocho meses más tarde, cuando el teniente coronel chileno Eleuterio Ramírez, quien estuvo en la toma de Calama, fue muerto por huestes peruanas en el desastre de Tarapacá, en noviembre de 1879.

Ladislao Cabrera sobrevivió a la guerra, muriendo en 1921. Isaac Arce, autor de “Narraciones históricas de Antofagasta” dijo haber conocido en su juventud, mientras trabajaba como capataz en las oficinas salitreras del interior de la región, a ancianos obreros que habían resistido esa jornada en Calama.

Ya viejos y con la piel curtida de valor y trabajo, estos nunca le dieron detalles del combate. Solo le contaron que previo a la llegada de los “chilenos”, se les entregó una ración de cebollas, tabaco y si tenían suerte, un revólver para resistir.

Monumento a Abaroa en La Paz, Bolivia (foto: Diario El Deber).

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