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Columna de Opinión

[Columna de Opinión] ¿Qué tipo de Desarrollo queremos?

Columna escrita por: Daniel Solís Igor, Rector CFT región de Antofagasta.

Daniel Solís Igor, Rector CFT región de Antofagasta.

Un interesante artículo publicado en un diario de circulación nacional, da cuenta de un tema que a simple vista parece una disquisición semántica pero que en el fondo esconde una diferencia crucial. La diferencia entre un fenómeno sustentable y uno sostenible es que el primero se refiere a algo que se puede justificar mediante razones y que necesita un soporte externo para prosperar, en cambio lo sostenible es algo que no se cae, que no necesita de ese soporte exterior para su permanencia en el tiempo.

Aplicados al fenómeno del desarrollo económico ambos conceptos se han utilizado como sinónimos y tienen aceptación respecto a que se refieren a lo mismo. Sin embargo, esto no es así necesariamente. Solo un breve recordatorio: cuando hablamos de desarrollo económico nos referimos a la capacidad que tienen las sociedades de evolucionar en su capacidad productiva, crear riqueza, mantener la prosperidad económica y social, generando un aumento persistente del bienestar de su población.

¿Cómo se puede lograr que este fenómeno social tan deseado y a veces esquivo no dependa de “razones” o sustentos externos para permanecer en el tiempo y para que beneficie a toda una sociedad? Es decir, ¿cómo logramos que el desarrollo sea sostenible y no solo sustentable?

Es claro que para que ello ocurra se requiere ordenamiento en el amplio sentido de la palabra, jurídico, social y económico, medioambiental, entre otros, como también se necesita talento para la dirección política de la sociedad, es decir, para la formulación y aplicación de la política pública que finalmente traduce a acciones concretas y donde los lineamientos filosóficos de las distintas corrientes de pensamiento político, sean aporte y no escollos.

Igualmente debe generarse un cambio cultural de gran envergadura y el motor de aquello es la Educación en todos sus niveles. Solo un pequeño ejemplo de su impacto: en los espacios públicos de las principales ciudades japonesas prácticamente no se observan basureros (considerando que aquellas ciudades están entre las más pulcras del planeta). ¿Cómo han logrado aquello? Desde el colegio, en la primera infancia, instruyendo a cada niño que es responsable de la basura que genera y de su disposición final lo que significa que, en esos establecimientos no hay personal de aseo, cada estudiante es responsable “de su basura” y de hacerla llegar a los depósitos finales. De esta forma acciones y actitudes actuales de la sociedad japonesa están afectando positivamente a las futuras generaciones sin producir sacrificios ni deterioros, lo que constituye el corazón de la sostenibilidad. Y eso se logra con Educación. 

Antofagasta

Irene Morales: La mujer fue a la guerra para vengar a su amado

Nota escrita por Ana Olivares Cepeda, vicepresidenta de la agrupación Los Viejos Estandartes de Antofagasta. (Foto de portada: Lukas Bravo, ilustraciones históricas de Chile).

Este 14 de febrero conmemoramos los 142 años del Desembarco de las tropas Chilenas y Reivindicación de Antofagasta a territorio chileno, acción que da inicio a la Guerra del Pacífico luego de que Bolivia desconociera los tratados de límites y económicos acordados con nuestro país en 1866 y modificados en 1874. Por relatos  de testigos presenciales de aquel día viernes 14 de febrero de 1879, aparte de lo ya conocido respecto a cómo fue el desembarco propiamente, hay un hecho muy particular sucedido ese día y que es omitido por los historiadores nacionales, pero resaltado por los bolivianos y nuestros historiadores regionales.

Entre el barullo ciudadano, en su mayoría chilenos manifestando su alegría por la llegada del Ejército chileno, discursos patrióticos y “Viva Chile” por doquier, se hace presente una chilena de 30 años, menuda morena pero con gran carácter. Con voz firme se une a los vítores contra las autoridades bolivianas y logra que sus compatriotas la alcen en sus hombros para darle la altura necesaria y alcanzar el escudo boliviano ubicado frente a la prefectura. Con fuerza desmedida  logra arrancarlo y lanzarlo al suelo para, luego, terminar de destruirlo a patadas. Si bien es cierto, este arranque de ira y repudio, por supuesto del país altiplánico que lo refleja incluso en la película “Amargo Mar”, tiene una razón de ser.

Irene Morales. Daguerrotipo tomada posterior a la toma de Lima en 1881.

Corría el año 1877 y  una madura costurera proveniente de Valparaíso, de nombre Irene del Carmen, arriba a Antofagasta en busca de la estabilidad emocional y económica que le había sido esquiva en su natal “La Chimba” (hoy Recoleta, Santiago). Tras la pérdida de su padre, la madre decide mudarse a Valparaíso. Allí se forma como costurera, casándose años más tarde con un ciudadano argentino. Lamentablemente, debido a su avanzada edad, el recién casado fallece. A los pocos meses, Irene, pierde también a su madre y encontrándose sola en la ciudad puerto, decide cambiar de rumbo y viajar a la próspera Antofagasta.

Sorpresa se llevaría aquí cuando encuentra el verdadero amor en la persona del chileno, músico de la banda boliviana, Santiago Pizarro. Aunque él era 5 años menor que ella y solo “convivían”, ambos factores de miradas juiciosas en la época, supieron llevar a plenitud su relación.  Pero la desdicha parece haberse ensañado con la costurera chimbana. En el mes de junio de 1878, Pizarro se ve envuelto en una pelea con su jefe y le da un balazo que le provoca la muerte. Esta acción tiene como condena el fusilamiento. Mientras Pizarro está encarcelado, Irene hace lo posible por conseguir el perdón.

Sin embargo, la ejecución llegó un 24 de septiembre de 1878. Irene mientras preparaba el cuerpo de su Santiago para darle sepultura, su corazón se convertía en piedra y comenzó a guardar rencor jurado a los bolivianos. Fue así que, 5 meses más tarde, el 14 de febrero de 1879, le da la oportunidad para dar rienda suelta a toda esa ira acumulada y comienza destruyendo el escudo boliviano. Luego, es la primera mujer en enlistarse como soldado para la guerra que se avecinaba, pero fue rechazada por ser precisamente una mujer.

Tropas chilenas en Antofagasta, días posterior al desembarco del 14 de febrero.

Pero no se rindió. Buscó la forma de pasar como varón y logró burlas las inspecciones. Así Irene se bate de igual a igual con un enemigo del país, pero para ella, el asesino de su amado Santiago. No daba cuartel ni tregua. Quienes la conocieron vieron a una furia humana combatiendo, como también a una hermana de la caridad atendiendo al chileno caído. Es así que finalmente se le entregan los grados de sargento y se le da la plaza de cantinera, mujer soldado y enfermera del Ejército chileno.

Tristemente, la lucha no le dio la tranquilidad esperada. Terminada sus funciones en la sierra peruana, regresa con honores, pero con el alma vacía. Muere a los cortos 42 años de edad en el hospital San Borja, Santiago. Pobre, olvidada, enferma y con solo un recuerdo en su mente: el cuerpo ensangrentado de su Santiago, sepultado en el Cementerio General de Antofagasta. Hoy la tumba más antigua ubicada en el lugar y en proceso de ser declarada como Monumento Histórico. Irene del Carmen Morales Galaz es la dueña de esta historia, una historia que comenzó en 1877 y que hoy, tras 145 años, aún salen a la luz nuevos antecedentes, los que contaremos en una próxima oportunidad.

Ana Olivares Cepeda.

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Columna de Opinión | Reflexiones Pandémicas

Columna escrita por: Magdalena Ortega, Abogada y Candidata a la Convención Constitucional por la Región de Antofagasta.

La crisis sanitaria ha puesto en jaque muchas de nuestras instituciones e incluso cómo vivimos en el día a día. Con un proceso constitucional en ciernes, hay ciertas reflexiones que podemos sacar en limpio de los desafíos impuestos por esta pandemia. Una de las más fundamentales, nace a partir del hecho de que vivimos con otros y somos parte de una comunidad, una realidad y sus consecuencias de la cual nunca habíamos sido tan conscientes como ahora. Esta idea se ve identificada en el principio de solidaridad, el cual no es más que la radical idea de que todos dependemos de todos, de que nuestros destinos están esencialmente relacionados y, por ende, no me puedo desatender de la realidad del otro. Este principio se ve reflejado, por ejemplo, en la máxima del autocuidado y la solidaridad intergeneracional e intrageneracional que estamos ejerciendo en este momento.

En el fondo, el cuidado que hago no solo es por mí mismo; es por mi vecino, mi abuelo, incluso para quien aún no conozco. Este principio podemos extrapolarlo a las bases de la institucionalidad: la importancia de la interdependencia nos hará proponer un marco institucional que tome esta realidad en cuenta y la conjugue con otros valores, como el de la libertad. Así las cosas, la solidaridad nos permite entender que la solución a los problemas de nuestro país no se encuentran exclusivamente en el Estado. Más bien, están en la sociedad civil y en las personas. Por esto, este principio se nos presenta como una auténtica alternativa política entre el individualismo y el estatismo, una que nos permita alcanzar verdaderamente un Chile más justo, humano y solidario. 

En concreto, ¿Qué cosas podría conllevar este principio? Por ejemplo, el fortalecimiento de la sociedad civil y la asociatividad desde nuestra Carta Fundamental. Que exista siempre una opción preferencial por el más vulnerable, por ejemplo, y establezcamos la importancia de un desarrollo sostenible y sustentable, tanto para el medioambiente y para los ciudadanos. Ahí está el meollo del asunto.

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[Columna de Opinión] Nueva constitución: la deuda histórica con la infancia del país

Francisco Espinoza Rivas Coordinador Regional Calama – Fundación Fútbol Más

Chile tiene una deuda histórica con la niñez y adolescencia, sabemos que no hemos invertido en proteger lo que debería ser lo más prioritario del país, porque como siempre hemos dicho “los niños son el futuro”.

El domingo pasado se votó la posibilidad de redactar una nueva Constitución, donde ganó la opción del apruebo, pero ¿qué deudas prometemos liquidar con las niñas y niños de nuestro país?

En este contexto, reconocer constitucionalmente a la niñez requiere una serie de mandatos que el Estado de Chile debe cumplir: derecho a una educación gratuita, inclusiva y de calidad, acceso a la salud, deporte, juego y un sinfín de garantías que pueden derivar a modificar o crear nuevas leyes.

Si sus derechos están reconocidos e incluidos en la nueva constitución, el Estado no podrá objetar proyectos de ley o uso de fondos para invertir en políticas garantes de derechos, es más, lo deberá hacer de manera obligatoria. Si observamos las constituciones de los países de Latinoamérica como Brasil, Bolivia o Colombia, no solo se han mostrado de acuerdo en que la niñez es un foco importante de preocupación, sino que han hecho un reconocimiento formal de sus derechos en su Carta Magna.

En Chile, a nivel constitucional, solo tenemos un artículo que hace alusión a la protección de la familia, en el cual asumimos que están incluidos las niñas y niños. Sin embargo, en ningún momento nos hemos basado en los tratados internacionales que Chile se ha suscrito, como la Convención de los Derechos del Niño de 1990, que deberían ser tomados en cuenta para que realmente nuestra infancia tenga oportunidades reales de crecer en espacios igualitarios.

Lo que debería contener la nueva constitución es la declaración explícita de participación de la niñez y adolescencia en todas las materias que les competen, por lo demás, es uno de sus derechos fundamentales. No podemos seguir obviándoles en proyectos, en interacciones ciudadanas o en cualquier elemento que oriente la constitución política del país, ya que las niñas, niños y jóvenes, son nuestra prioridad y responsabilidad.

Nos queda camino por recorrer para seguir fomentando la participación de la niñez, no obstante, tenemos un gran desafío: ¿Cómo forjamos las condiciones para que las niñas, niños y jóvenes puedan participar del proceso constituyente, a pesar que nosotros mismos “los adultos y adultas” decidimos que ellos no pueden participar?

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