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Columna de Opinión

Columna de Opinión | Reflexiones Pandémicas

Columna escrita por: Magdalena Ortega, Abogada y Candidata a la Convención Constitucional por la Región de Antofagasta.

La crisis sanitaria ha puesto en jaque muchas de nuestras instituciones e incluso cómo vivimos en el día a día. Con un proceso constitucional en ciernes, hay ciertas reflexiones que podemos sacar en limpio de los desafíos impuestos por esta pandemia. Una de las más fundamentales, nace a partir del hecho de que vivimos con otros y somos parte de una comunidad, una realidad y sus consecuencias de la cual nunca habíamos sido tan conscientes como ahora. Esta idea se ve identificada en el principio de solidaridad, el cual no es más que la radical idea de que todos dependemos de todos, de que nuestros destinos están esencialmente relacionados y, por ende, no me puedo desatender de la realidad del otro. Este principio se ve reflejado, por ejemplo, en la máxima del autocuidado y la solidaridad intergeneracional e intrageneracional que estamos ejerciendo en este momento.

En el fondo, el cuidado que hago no solo es por mí mismo; es por mi vecino, mi abuelo, incluso para quien aún no conozco. Este principio podemos extrapolarlo a las bases de la institucionalidad: la importancia de la interdependencia nos hará proponer un marco institucional que tome esta realidad en cuenta y la conjugue con otros valores, como el de la libertad. Así las cosas, la solidaridad nos permite entender que la solución a los problemas de nuestro país no se encuentran exclusivamente en el Estado. Más bien, están en la sociedad civil y en las personas. Por esto, este principio se nos presenta como una auténtica alternativa política entre el individualismo y el estatismo, una que nos permita alcanzar verdaderamente un Chile más justo, humano y solidario. 

En concreto, ¿Qué cosas podría conllevar este principio? Por ejemplo, el fortalecimiento de la sociedad civil y la asociatividad desde nuestra Carta Fundamental. Que exista siempre una opción preferencial por el más vulnerable, por ejemplo, y establezcamos la importancia de un desarrollo sostenible y sustentable, tanto para el medioambiente y para los ciudadanos. Ahí está el meollo del asunto.

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Antofagasta

Irene Morales: La mujer fue a la guerra para vengar a su amado

Nota escrita por Ana Olivares Cepeda, vicepresidenta de la agrupación Los Viejos Estandartes de Antofagasta. (Foto de portada: Lukas Bravo, ilustraciones históricas de Chile).

Este 14 de febrero conmemoramos los 142 años del Desembarco de las tropas Chilenas y Reivindicación de Antofagasta a territorio chileno, acción que da inicio a la Guerra del Pacífico luego de que Bolivia desconociera los tratados de límites y económicos acordados con nuestro país en 1866 y modificados en 1874. Por relatos  de testigos presenciales de aquel día viernes 14 de febrero de 1879, aparte de lo ya conocido respecto a cómo fue el desembarco propiamente, hay un hecho muy particular sucedido ese día y que es omitido por los historiadores nacionales, pero resaltado por los bolivianos y nuestros historiadores regionales.

Entre el barullo ciudadano, en su mayoría chilenos manifestando su alegría por la llegada del Ejército chileno, discursos patrióticos y “Viva Chile” por doquier, se hace presente una chilena de 30 años, menuda morena pero con gran carácter. Con voz firme se une a los vítores contra las autoridades bolivianas y logra que sus compatriotas la alcen en sus hombros para darle la altura necesaria y alcanzar el escudo boliviano ubicado frente a la prefectura. Con fuerza desmedida  logra arrancarlo y lanzarlo al suelo para, luego, terminar de destruirlo a patadas. Si bien es cierto, este arranque de ira y repudio, por supuesto del país altiplánico que lo refleja incluso en la película “Amargo Mar”, tiene una razón de ser.

Irene Morales. Daguerrotipo tomada posterior a la toma de Lima en 1881.

Corría el año 1877 y  una madura costurera proveniente de Valparaíso, de nombre Irene del Carmen, arriba a Antofagasta en busca de la estabilidad emocional y económica que le había sido esquiva en su natal “La Chimba” (hoy Recoleta, Santiago). Tras la pérdida de su padre, la madre decide mudarse a Valparaíso. Allí se forma como costurera, casándose años más tarde con un ciudadano argentino. Lamentablemente, debido a su avanzada edad, el recién casado fallece. A los pocos meses, Irene, pierde también a su madre y encontrándose sola en la ciudad puerto, decide cambiar de rumbo y viajar a la próspera Antofagasta.

Sorpresa se llevaría aquí cuando encuentra el verdadero amor en la persona del chileno, músico de la banda boliviana, Santiago Pizarro. Aunque él era 5 años menor que ella y solo “convivían”, ambos factores de miradas juiciosas en la época, supieron llevar a plenitud su relación.  Pero la desdicha parece haberse ensañado con la costurera chimbana. En el mes de junio de 1878, Pizarro se ve envuelto en una pelea con su jefe y le da un balazo que le provoca la muerte. Esta acción tiene como condena el fusilamiento. Mientras Pizarro está encarcelado, Irene hace lo posible por conseguir el perdón.

Sin embargo, la ejecución llegó un 24 de septiembre de 1878. Irene mientras preparaba el cuerpo de su Santiago para darle sepultura, su corazón se convertía en piedra y comenzó a guardar rencor jurado a los bolivianos. Fue así que, 5 meses más tarde, el 14 de febrero de 1879, le da la oportunidad para dar rienda suelta a toda esa ira acumulada y comienza destruyendo el escudo boliviano. Luego, es la primera mujer en enlistarse como soldado para la guerra que se avecinaba, pero fue rechazada por ser precisamente una mujer.

Tropas chilenas en Antofagasta, días posterior al desembarco del 14 de febrero.

Pero no se rindió. Buscó la forma de pasar como varón y logró burlas las inspecciones. Así Irene se bate de igual a igual con un enemigo del país, pero para ella, el asesino de su amado Santiago. No daba cuartel ni tregua. Quienes la conocieron vieron a una furia humana combatiendo, como también a una hermana de la caridad atendiendo al chileno caído. Es así que finalmente se le entregan los grados de sargento y se le da la plaza de cantinera, mujer soldado y enfermera del Ejército chileno.

Tristemente, la lucha no le dio la tranquilidad esperada. Terminada sus funciones en la sierra peruana, regresa con honores, pero con el alma vacía. Muere a los cortos 42 años de edad en el hospital San Borja, Santiago. Pobre, olvidada, enferma y con solo un recuerdo en su mente: el cuerpo ensangrentado de su Santiago, sepultado en el Cementerio General de Antofagasta. Hoy la tumba más antigua ubicada en el lugar y en proceso de ser declarada como Monumento Histórico. Irene del Carmen Morales Galaz es la dueña de esta historia, una historia que comenzó en 1877 y que hoy, tras 145 años, aún salen a la luz nuevos antecedentes, los que contaremos en una próxima oportunidad.

Ana Olivares Cepeda.

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Columna de Opinión

[Columna de Opinión] Nueva constitución: la deuda histórica con la infancia del país

Francisco Espinoza Rivas Coordinador Regional Calama – Fundación Fútbol Más

Chile tiene una deuda histórica con la niñez y adolescencia, sabemos que no hemos invertido en proteger lo que debería ser lo más prioritario del país, porque como siempre hemos dicho “los niños son el futuro”.

El domingo pasado se votó la posibilidad de redactar una nueva Constitución, donde ganó la opción del apruebo, pero ¿qué deudas prometemos liquidar con las niñas y niños de nuestro país?

En este contexto, reconocer constitucionalmente a la niñez requiere una serie de mandatos que el Estado de Chile debe cumplir: derecho a una educación gratuita, inclusiva y de calidad, acceso a la salud, deporte, juego y un sinfín de garantías que pueden derivar a modificar o crear nuevas leyes.

Si sus derechos están reconocidos e incluidos en la nueva constitución, el Estado no podrá objetar proyectos de ley o uso de fondos para invertir en políticas garantes de derechos, es más, lo deberá hacer de manera obligatoria. Si observamos las constituciones de los países de Latinoamérica como Brasil, Bolivia o Colombia, no solo se han mostrado de acuerdo en que la niñez es un foco importante de preocupación, sino que han hecho un reconocimiento formal de sus derechos en su Carta Magna.

En Chile, a nivel constitucional, solo tenemos un artículo que hace alusión a la protección de la familia, en el cual asumimos que están incluidos las niñas y niños. Sin embargo, en ningún momento nos hemos basado en los tratados internacionales que Chile se ha suscrito, como la Convención de los Derechos del Niño de 1990, que deberían ser tomados en cuenta para que realmente nuestra infancia tenga oportunidades reales de crecer en espacios igualitarios.

Lo que debería contener la nueva constitución es la declaración explícita de participación de la niñez y adolescencia en todas las materias que les competen, por lo demás, es uno de sus derechos fundamentales. No podemos seguir obviándoles en proyectos, en interacciones ciudadanas o en cualquier elemento que oriente la constitución política del país, ya que las niñas, niños y jóvenes, son nuestra prioridad y responsabilidad.

Nos queda camino por recorrer para seguir fomentando la participación de la niñez, no obstante, tenemos un gran desafío: ¿Cómo forjamos las condiciones para que las niñas, niños y jóvenes puedan participar del proceso constituyente, a pesar que nosotros mismos “los adultos y adultas” decidimos que ellos no pueden participar?

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[Columna de Opinión] Innovación para la recuperación

La publicación de los resultados de la Encuesta Nacional de Empleo, del trimestre móvil junio-agosto del 2020, da cuenta que en 12 meses hemos aumentado en 5,3 puntos porcentuales la tasa de desocupación, llegando al 12,9 por ciento, explicado por la reducción de la fuerza de trabajo y del número de ocupados. Si consideramos la fuerza de trabajo potencial, que corresponde a aquellas personas que salieron de la fuerza de trabajo y no están buscando fuente laboral, pero están disponibles para trabajar, la tasa de desocupación combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial alcanza a 29 por ciento, afectando principalmente a las mujeres. La explicación a estos resultados, según las respuestas de los entrevistados en la encuesta, es que es producto de la pandemia COVID-19.

Sin embargo, es posible visualizar una lenta e incipiente recuperación del empleo, de acuerdo con el último reporte del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la Universidad Católica, que indica para septiembre la creación de 124 mil nuevos puestos de trabajo, con respecto a agosto, lo que sin duda es respuesta inmediata al desconfinamiento de la población, como medidas sanitarias de gradualidad hacia la normalización del funcionamiento del País.

Un sector que responde rápidamente a las actuales condiciones de funcionamiento social, económico y productivo, es el empleo por cuenta propia o independiente, en que la capacidad de emprender, innovar y responder al contexto es más efectiva, por tamaño y capacidad de adaptación. Sin dejar de considerar que un número importante de personas que han perdido el empleo han visto en esto la oportunidad para generar empleo.

No es desconocido el impacto que esta crisis ha implicado para toda la estructura de pequeñas y medianas empresas, quienes han debido reinventarse en los bienes y servicios ofertados, los canales de comercialización ocupados y la oferta de valor que proponen, para diferenciarse y captar esa demanda que no tan sólo busca satisfacer una necesidad, sino que valores como oportunidad, calidad, seguridad sanitaria y precio competitivo. Y así, podemos encontrar un importante número de ejemplos que no tan solo han continuado operando en confinamiento, sino que han variado la oferta, incrementado clientes y sus ingresos. Entonces, la innovación ha sido el factor competitivo que les ha permitido permanecer y crecer, haciendo uso de las oportunidades que se han presentado.

Cuando invitamos innovar, lo primero que debemos tener presente es que no es privativo para grandes organizaciones y desarrollos científicos y tecnológicos sofisticados, sino que lo importante es que sea algo nuevo que aporta valor al negocio que debe ser percibido por cliente, es decir, tiene una expresión económica, en una de las áreas, ya sea de producción, comercialización, marketing y/o la misma organización, áreas de permanente desarrollo de cualquier empresa, por pequeña que sea. Todo acompañado del conocimiento que va acumulando el empresario que le permite visualizar oportunidades que se presentan en el mercado, desarrollar rediseños que le permitan expandirse, ser un transformador del mercado o definitivamente abrir nuevos mercados, siempre con una mirada a lo local, que será tema de nuestra próxima conversación.

Hay espacio para la recuperación económica, en que debe confluir el esfuerzo permanente de nuestra MiPyMe y la comunidad toda que asume responsablemente las medidas sanitarias.

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